Una pandemia que trajo calamidades pero también enseñanzas... ¿Aprenderemos algo?

Por: Fernando Móner, presidente CECU.

 

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Fernando Móner, presidente CECU

No tengo ninguna duda de que llevamos 15 meses sufriendo algo hasta ahora desconocido (hay cosas que nunca nos hubiera gustado conocer), pero también tengo claro que hemos aprendido muchas cosas que nos deben ayudar en el futuro. Y, sin duda, una de las principales es poner en valor nuestra Sanidad y a los diferentes profesionales que la componen, tanto en el ámbito público como en el privado.

 

Debemos valorar y cuidar un sector que ha intentado responder más allá de lo posible, demostrando que la mayoría de profesionales en el ámbito de la sanidad lo son por convicción. Y, en muchos momentos, han respondido sin tener los elementos necesarios para la mejor respuesta y con carencias para su protección personal, poniendo en riesgo su vida y reduciendo la capacidad de atención de la sanidad pública en momentos donde estábamos pidiéndoles que se exprimiesen como nunca lo habían hecho antes.

 

Hoy, 15 meses después, y aunque todavía estamos inmersos en esta maldita pandemia, ya podemos respirar más tranquilos gracias a las vacunas y a los elementos de protección que han reducido el nivel de exposición y contagio. Y aquí viene una de esas enseñanzas que nos está dejando el Covid-19: la necesidad de tener una industria de productos sanitarios en nuestro propio país que nos permita acceder a ellos cuando, de repente, se cortan las comunicaciones con el resto del mundo y necesitamos de ellos y sus productos para protegernos. Sólo espero que, cuando todo esto sea historia y volvamos a la verdadera normalidad, nos preguntemos si el sistema productivo de este país está bien dimensionado con las necesidades reales que debemos tener y, aunque es obvio que no debemos tener todas las manzanas en el mismo cesto (en Economía se utiliza mucho este tipo de expresiones, principalmente cuando hablamos de inversiones), sí es importante tener un amplio espectro de posibilidades, sobre todo de lo que verdaderamente es esencial.

 

 ¿Os imagináis por un momento qué hubiera pasado si por un lado hubiéramos tenido industrias fabricantes de epis (equipos de protección individual) en nuestro país, que nos hubieran proporcionado cientos de miles de mascarillas del 15 de marzo al 30 de junio, y que por otro lado se hubieran tomado decisiones políticas con dos semanas de antelación cuando ya muchísima gente veía lo que se venía encima? Bueno, es verdad que siempre es más fácil hablar cuando han pasado los momentos más oscuros (¡espero!), pero para eso tienen nuestros representantes políticos cientos de asesores, oficinas de inteligencia y medios de todo tipo, para poder tomar decisiones antes de que cualquier ciudadano se vea venir lo que luego vino.

 

Desde hace algunos meses llevo defendiendo estas reflexiones en diferentes intervenciones que he tenido a través de webinars, jornadas semipresenciales, artículos de opinión… y seguiré haciéndolo hasta que comprobemos que España no es sólo gastronomía y espectacular climatología, sino que también debe ser nudo industrial de referencia en el ámbito sanitario y tecnológico, entre otras muchísimas cosas. Es necesario tener fabricantes de coches en España, pero es imprescindible no depender de países que están a miles de kilómetros para elementos esenciales como son la alimentación o la sanidad.

 

Ahora, cuando estamos en el comienzo del periodo estival, cuando aprovechamos para juntarnos con familia, con amigos, cuando tenemos tiempo para reflexionar… es cuando debemos analizar nuestro balance de resultados e intentar equilibrar los excesos con los defectos y adoptar decisiones políticas que permitan vislumbrar un futuro donde no mueran miles de personas por no haber adoptado las mejores decisiones.

 

Siempre defenderé la sanidad pública y que la barbaridad de impuestos (directos e indirectos) que pagamos las personas en este país, si están bien administrados (de esto ya me surgen dudas), nos deben generar unos servicios públicos que, por supuesto, todavía son mejorables, pero nunca me olvidaré que le debemos también mucho a la sanidad privada y a las empresas de este país. Por lo tanto, la convivencia de lo público y privado (sin abusos ni ladrones) es la respuesta al futuro de nuestro país, también en el ámbito sanitario y para determinadas circunstancias.

 

La pandemia nos ha constatado que la inmensa mayoría de la población española toma decisiones sensatas y solidarias, que la clase política (salvo excepciones) no está siempre a la altura de la Sociedad a la que debe representar y que, sin duda, la búsqueda de caminos que nos lleven a una verdadera recuperación pasa por el trabajo conjunto de todos los eslabones de cualquier cadena. Y si alguno de ellos es menospreciado la cadena cederá con todas las consecuencias.

 

Analicemos, pensemos, reflexionemos, consensuemos y aportemos las soluciones que necesita todo un país, pues los 50 millones de personas que cada día abrimos España merecen la pena.